Comienzo a escribir, a causa de la mala gana de estar en la clase, mezcla con sueño, y hermosa lluvia como para hacer cualquier otra cosa menos lo que estoy haciendo en este aula con una manga de estudiantes poco románticos. No es que yo conozca en persona a los que están encerados en el mismo lugar que yo, pero para no tener ganas -y de tenerlas de hacerle caso omiso- de mandar todo por donde vino y querer meterse a uno mismo en cualquier otro sitio en donde la música de fondo no sea "sociología general, o Bourdieu y Deleuze" de los que la profesora (sobre la que quiero hablarles) parlotea. Son contenidos, que según me parece, los tiene bien rumiados, la profesora digo, ella es la que sabe mucho. Igual yo no se que ando por ahí diciendo quien sabe y quien no, pero es lo que me parece.
Y ahora que quiero la lluvia y viento, sobre todo para acallar a la profesora, la de ojos claros, más bien turquesa (claros es una categoría muy amplia), no hablo de la de canas -que es profesora de filosofía de la historia, que tiene miles (su materia es interesante, pero aun no puedo definirme por cuál me parece "más" -y todas las categorías de comparación-). Y ahora que quiero lluvia, cesa, a las 11 am, y quiero que pasen ya los 55' que restan.
Durante las pausas para encausar o inventar el cause de los párrafos siguientes, escucho sobre la recepción de algún texto, y sobre detalles de autores, ediciones, fechas, traducciones, universidades, y lo que más me divierte a mi, provocando mis pausas son las interpretaciones disímiles. Y en esta jaula siguen inmiscuidos discutiendo sobre comas, detesto el rigor absurdo de la academia, y sobre todo la filosófica!
Pasan una sirenas, y seguramente lo único bueno de ellas es que se llevan mis arranques de pasiones reactivas de las cuales hable antes, quizás sin mucha necesidad; aunque si lo pensamos bien hay demasiadas cosas, se desborda el cause, como para no reaccionar. Veamos una muy simple, pero cargadísima de incentivos explosivos (aclaro que si el que lee tiene problemas en controlar su ira, tape con su mano los párrafos siguientes y obvie el ejemplo). Me encuentro en el segundo piso, y a mi derecha solo queda la buena compañera mochila que vaga conmigo, aunque su acomodo casi siempre es el más desfavorable, y a su derecha un ventanal de dos por ocho metros! por donde entra poca luz que dejan pasar las nubes cargadas de agua que parece se cansaron de mojarnos, y sobre todo, y contra lo cual la luz solar es imperiosa, una gruesísima capa de mugre pegada al vidrio del lado de afuera. Detesto no ver las gotas caer.
Sus ojos son turquesa, del turquesa que te hace especial, que cuando te mira te entiende, te ama y te enseña, y todo eso -como si fuera poco- con un perfume a pasión y una pasión como perfume.
Y como todo amor es mas proyección que realidad objetiva, forma de ver al otro que el otro mismo. Entonces, una vez que le saco todo lo que yo le di, significado, referencias, cargas que son muy mías, o de ella, a la que veo en todas pero que no es ella misma, sino mis ojos que la ven en todas las otras; si le saco decía, queda igual a las demás mujeres que nada te dicen, nada te dan, nada te generan, mujeres que aburren y que nada te generan. Y ahora que la veo bien, a la profesora digo, pienso que su dentista es malísimo.
Análogamente a lo que me sucede con la profesora de ojos turquesa es lo que me pasa con el profesor del práctico. Estuvo traduciendo ayer, y si lo hacia por ejemplo la de latín, que luego de traducir levanta la vista y esboza una sonrisa, yo sin duda alguna tengo el mejor momento del día, o para no ser tan dramática, de la siesta. Pero me cuestiono para saber si no es una cuestión de sexismo tan arraigada que se activa automáticamente. Pero lo de Verónica es humilde, es sexy y también irresistible, lo del profesor de historia de las ideas es pedante, desagradable.
Interesante reflexión en medio de la tempestad del tedio....
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