Por más de tenerte frente a mí una y mil veces, no podría decirte lo que pasa por mí. Tal vez por mi negativismo empedernido y temor esclavizante. Parece ser eso. Me he quedado callada ya varias veces. Tuvimos momentos donde mi corazón no resistía y debía prender un cigarrillo, y fumarlo rápido, y prender otro más. Y vos me hablas de otra, y yo quiero que me hables de vos, y de la posibilidad de vos conmigo. Tal vez esperas que yo deje de escucharte relatar historias en Italia con italianas, te interrumpa sin asco con una pregunta directa como “¿puedo besarte?” o tal vez más discreta e invitarte a cenar.
Quisiera tener la certeza de que no pasa nada entre nosotras porque los llamados a todas horas y mis despedidas cariñosas siempre a diferentes personas que se marchan de nuestro hogar, te hacen pensar algo equivocado; me gustaría saber si vos no me invitas al cine porque cada vez que llego me acompaña un cuerpo descerebrado distinto. Quisiera aclararte, solo lo hago mientras tomo el valor para invitarte a salir.
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Escribas del mundo: me alegra su apetito deconstructivo! (Solo eso quería decirles.)