lunes, 1 de febrero de 2010

Sin tìtulo I

La política mediática, y los mediáticos politizados. Las discusiones, bajas y sin argumentos, las críticas pobres y simplemente destructivas, los debates hirientes y sin sentido.
Parece que hablaran en otro idioma lo que escriben las noticias, me resultan innentendible.
Los que deciden son incomprensibles. Todo se hace por lo que parece, las políticas son curitas en la cicatriz que nos atraviesan de lado a lado a la altura de los hombros, evitando que llegue sangre a la parte superior (a la que se cuida de que no se gaste del uso) y sin capacidad de mover los brazos, a su vez.
Quizás porque ayer me acosté luego de una discusión con una imperialista, que un hoy tengo de resabio de sus palabras resonando en mis oídos: que toda historia tiene dos caras, que siempre hay algo bueno y algo malo, que no todo es tan malo como lupintan… El hecho de que Aída no sepa dirigirse a sus iguales de otras localidades sin utilizar términos despectivos, no es casual, es lisa y claramente una falta de léxico que le permitiría -en caso de tenerlo- expresarse adecuadamente en función del entorno y papel que cumple para con la sociedad. Sus decisiones evidentemente se circunscriben en una política que llamaré “de look”. Esto es que las acciones que se llevan a cabo resultan ser curitas de las que viene con diseños infantiles, que buscan reparar las múltiples lesiones que sufrimos y venimos sufriendo a lo largo del tiempo.
Nos quejamos del “eterno retorno de lo malo” a la política, nuestros labios se llenan de palabras destructores, nuestras mentes no proporcionan ideas innovadoras, nuestros cuerpos se acostumbran a la pasividad.
Para mí debemos fijarnos en la diferencia dentro de la repetición, resignificar nuestras palabras y sobre todo nuestras acciones, construir algo dentro del tiempo y ganándole a las circunstancias que nos rodean. Sin esperar que el tiempo borre todo rastro de subdesarrollo, porque esas cosas no pasan ni en el amor, y verlo como un fin en sí mismo. Nosotros somos tiempo, nuestra vida es finita y debemos identificarnos con lo que hacemos y con lo que dejamos de hacer.
Yo guío mi vida queriendo lo que me pasa como si quisiera para siempre, me convierto en digna activamente de lo que me pasa. No siempre quiero lo mismo, pero lo que guía mis querencias es lo que no cambia.

(Encontré esto de Galeano, tanto que me gusta)
Los trabajos y los miedos, Si se portan mal...
"Los países del sur del mundo están metidos en el concurso universal de la buena conducta, a ver quién ofrece salarios más enanos y más libertad para envenenar el medio ambiente. Los países compiten entre sí, a brazo partido, para seducir a las grandes empresas internacionales. Las mejores condiciones para las empresas son las peores condiciones desde el punto de vista del nivel de salarios, de la seguridad en el trabajo y de la salud de la tierra y de la gente. A lo largo y a lo ancho del mundo, los derechos de los trabajadores se nivelan hacia abajo, no hacia arriba.
Ya no gobiernan los presidentes, gobierna el miedo: los países tiemblan ante la posibilidad de que el dinero no venga, o que el dinero huya. Si no se portan bien, dicen las empresas, nos vamos a Filipinas, o a Tailandia, o a Indonesia, o a China, o a Marte. Portarse mal significa: aplicar impuestos, aumentar salarios, formar sindicatos, defender la naturaleza o lo que quede de ella..."

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribas del mundo: me alegra su apetito deconstructivo! (Solo eso quería decirles.)