Mi razón es provisional, está sometida a cambios, producto de reflexiones canónicas en virtud de las cuales no solo rehago el contenido de lo "real", sino también la dirección de la última búsqueda. Y a decir verdad es una postura que espero sea compartida por todos, que sea algo natural, aunque estoy en contra de las naturalizaciones, ésta podría ser la única que acepte como tal. Por desgracia la cosa no es así, sino que hay muchos dogmáticos, cerrados, empedernidos, etc.
Creo que como paso en la historia de la filosofía pasará en la universal, pasará en la vida de cada hombre, hasta naturalizarse... o eso espero. Hablo de un cambio que se dió sobre el tema, y sobre qué se piensa que es "la verdad".
Saltamos un paso largo para decir que finalmente, se afirmó que las Verdades ya no existen en el sentido que se las entendía, que solo el hombre las había creado y sin darse cuenta de la falla que portaba dicha invención. Lo que viene a ocupar el lugar de las viejas e ilusorias Verdades, posee un nuevo carácter, una nueva denominación, a saber: verdades provisorias. Éstas valen para el que las enuncia, para su vida, funcionan en su escala de valores y prioridades; inclusive para un mismo sujeto éstas “guías” dentro de su mundo pueden cambiar a lo largo de su vida y por lo general lo hace, sería hasta alarmante que no sucediera así, ya que las circunstancias van condicionando al hombre que la vive.
Las verdades son entonces individuales y se encuentran enmarcadas por la época, y solo desde ese marco de las comprende como tal.
Extrapolando ésta característica del pensamiento filosófico vigente desde el siglo XIX al plano social, descubrimos que son ámbitos donde éste componente denominémoslo: consideración de la verdad, presenta definiciones parecidas.
Las sociedades que nos precedieron, han inventado un conjunto de normas y valores que modelaban sus comportamientos. Las más arcaicas, por ejemplo, se manifestaban intolerables frente a acciones por parte de algún miembro de la comunidad que violente o transgreda dichas normas. La venganza, el castigo, la pena son formas legales, permitidas, bien vistas y hasta necesarias de responder frente a éstas transgresiones. Una de éstas formas es la denominada “ley del talión”, donde la norma imponía un castigo que se identificaba con el crimen cometido . Se habla de una pena idéntica. Históricamente, constituye el primer intento por establecer una proporcionalidad entre daño recibido en un crimen y daño producido en el castigo, siendo así el primer límite a la venganza libre, límite regulador, legitimante del castigo. Aunque pudiera parecer una ley primitiva, sin embargo el espíritu de esa ley es la “proporcionalidad de la pena”, y la evitación de una respuesta desproporcionada por la venganza, espíritu que se mantiene hasta hoy a través de un procedimiento denominado “humanización de la pena” que es la evolución sufrida por el Derecho penal en cuanto a la intensidad y motivación del castigo impuesto al condenado. Tanto en la Edad Antigua y en la Edad Media se pueden subrayar influencias de la ley del talión en el conjunto de normas de regulación en materia penal.
Diversas formas de castigo fueron surgiendo, reemplazando o modificando a las vigentes. Un factor que influyó sobre las mismas, fue la concepción antropológica de cada época. Este factor, junto a valoraciones a cerca de todo lo demás, no solo influyó en el desarrollo del sistema penal, sino que se refleja en todas las facetas del ser humano. Es decir, de cómo se consideren y valoren las cosas, la realidad y el mundo, tanto a nivel colectivo como individual, es que se actuará frente a ellos. Y en relación proporcional, en tanto estas pautas de valor se modifiquen se modificarán también los actos. Estás modificaciones supone dos cosas, la más evidente de que no son estructuras fijas, sino más bien que el acto de valorar es permanente y el contenido de dicho acto es lo que puede variar, y lo segundo que existen condiciones o factores que hacen posible dicha alteración. Para presentar un juicio sobre algo, muchas veces no se necesita de largos momentos de reflexión en solitario, y el cambio de valor sobre esa cosa puede hacerse de inmediato, por ejemplo lo que se piensa a cerca de una persona, o de un programa televisivo. Existen otros asuntos que demandan una paulatina modificación, aceptación e incorporación a los esquemas mentales. Esto se da en relación a prácticas que en un comienzo permanecieron fuertemente rechazadas por el colectivo social, pensemos por ejemplo en los cambios de los últimos 50 años referidos a la homosexualidad. Se podría hablar de un proceso histórico donde cada generación determina los límites de la siguiente, pero a su vez éstos últimos alteran, en alguna medida, su naturaleza.
Consideremos nuevamente el ejemplo anteriormente nombrado, situándolo en un contexto geográfico e histórico determinado y así sucesivamente a través de la historia universal hasta nuestros días. Sobre ello podríamos decir que en un “primer” momento las consideraciones frente tales prácticas y otras determinaciones sociales estaban circunscriptas a una condición de inflexibilidad, con total demarcación, e intolerante frente a violaciones, que presentaban un deber ser minucioso y limitado. Con el paso del tiempo, la sociedad altera las cualidades de los límites anteriormente impuestos, volviéndose estos de naturaleza cada vez más flexible y permisiva hasta cierto punto, para cada generación.
Razono dos posibles causas de modificación de las estructuras, dependiendo del tipo de estructura que consideremos. Si hacemos referencia a una práctica, ésta puede modificarse porque ya no es útil o beneficiosa para la sociedad que la emplea, y esto sucede o por un cambio en la sociedad misma, en la que la práctica ya no posee cabida, o en la consideración misma a cerca de la práctica que puede modificarse como vimos más arriba. Y en segundo lugar, la valoración colectiva e individual de una práctica puede variar de acuerdo al número de personas que la practiquen.
Se deduce, entonces, que el sistema de permisión o de regulación y de valoración de una práctica determinada necesita de los transgresores. La presencia de éstos y su acción transgresora son condición para la “expansión” de los límites o pautas sociales . Caso contrario no habría algún factor que movilice a la reconsideración de dichas pautas sociales.
Los traspasadores son los sujetos que en la época en que vivieron, no siguieron las determinaciones, sino que provocaron a la norma moral, la violentaron, y fueron con sus actos y sus manifestaciones estéticas o literarias, sean estas filosóficas o de cualquier otra índole, mas allá de lo pautado, de lo establecido. Los traspasadores son los innovadores, son los que abren el camino, y ven más allá de la situación, y de las determinaciones de ésta. (Agrego aquí una consideración: por suerte, y quiero creer esto, más allá de la concepción racional sobre ello que puedo llegar a tener, existen estos personajes, sino ¿qué seria de nuestra cultura? ¿Algo meramente limitado a la reproducción de las concepciones y formas de la generación pasada?)
Los sujetos con espíritu auto-limitado, es decir que no se dejan limitar o determinar por las condiciones sociales, a mi modesto modo de entender el devenir social, son los propulsores de cambios. Cambios de paradigmas, de cosmovisiones, de valores y de prácticas.
El surgimiento de éste tipo de espíritu es algo puramente interno, esto es: que no está condicionado por la herencia genética, pero pude, sin embargo influir el ámbito social -tanto de modo “negativo”, es decir provocar en el sujeto un espíritu de rebelión contra estas condiciones, o de modo “positivo”, como manifestación de otra posibilidad de actitud frente a dichas condiciones a partir de una deliberación consciente y constructivista. Aquí los término “negativo” y “positivo” los utilizo para diferenciar desde qué punto se generan, o desde dónde propulsan su manifestación, sin embargo, considerando que las consecuencias de estás reacciones o acciones respectivamente, son ambas igualmente positivas; repito, a mi modo de entender el desarrollo social, ya que sin tener en cuenta el origen, ambas aportan a la sociedad nuevas formas de representación a cerca de lo real, y su correlato en la acción sobre la naturaleza.
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Escribas del mundo: me alegra su apetito deconstructivo! (Solo eso quería decirles.)